Elegir auditor no es solo cumplir con una obligación legal. Es una decisión que puede afectar directamente a la credibilidad financiera de la empresa, a su relación con bancos, inversores y socios, e incluso a la detección temprana de riesgos.
Sin embargo, muchas empresas cometen el mismo error: basar su decisión únicamente en el precio o en recomendaciones poco contrastadas.
El resultado suele ser una auditoría poco eficiente, sin planificación adecuada, con incidencias evitables y escaso valor añadido
